Colectivo Julio

Julio Julián, durante la inauguración de la XXXVII Exposició col·lectiva d'artistes del Prat, en julio de 2013.

Julio Julián

Garrovillas de Alconétar, julio de 1939.
El Prat de Llobregat, julio de 2014.

Tanto los restos prehistóricos y romanos de Garrovillas, como el puente de Alconétar, el barrio judío, los castillos, las iglesias y las plazas medievales, o las influencias en la historia y la arquitectura de la orden de los Templarios, son el escenario de la infancia de Julio Julián. Allí, fascinado por el paisaje y la estética religiosa, Julio comienza a mostrar su vocación artística y capacidad de reinterpretar la realidad. Un ejemplo de esto es el uso metafórico de aceiteras como imágenes marianas en procesión, motivo por el cual sus vecinos lo bautizaron con el sobrenombre de "El misinas".

Durante las décadas de los sesenta y setenta, se construye el embalse de José María de Oriol-Alcántara II que deja anegada la vega garrovillana y sin medios de subsistencia a gran parte de la comarca, dedicada mayoritariamente a labores agrícolas. Esto provoca la emigración masiva de una parte considerable de la población a diferentes lugares de Catalunya. Entre los flujos de recién llegados y bajo la llamada del desarrollismo, Julio Julián, su familia y una comunidad importante de garrovillanos, llegan al Prat. Más de cincuenta años después, la huella garrovillana en la identidad de la ciudad es un hecho, como queda reflejado en la estrecha relación entre las dos poblaciones, hermanadas desde 1997.

Etapas de una obra autodidacta

En el Prat de 1960, Julio Julián comienza a trabajar como pintor industrial en la empresa Terlenka-La Seda (actual Plastiverd), y posteriormente se dedica a la construcción, aunque su verdadera pasión es la pintura, como demuestra la cantidad de obras almacenadas en su domicilio y su regular participación en la "Exposició Col·lectiva d'Artistes Locals del Prat". Es en esta época en la que Julio inicia un proceso de autoaprendizaje y práctica artística que transita entre periodos de intermitencia y dedicación intensiva.

Como primer ejercicio en su carrera de pintor, Julio se interesa en el paisaje, influenciado posiblemente por la corriente paisajística local, aunque Julio no se enfrenta de forma directa, si no que realiza ejercicios de evocación de paisajes garrovillanos a partir de recuerdos. Expone estas pinturas en el garaje de su sobrina, abriéndolo a la curiosidad de vecinos y familiares durante las temporadas que pasa en Garrovillas. Son de este periodo dos piezas que resultarán claves en su producción: la recreación de la vega antes de quedar anegada por el embalse de Alcántara, y el paisaje de su calle pintado en las dos caras de un solo cuadro. traduciendo así el gesto nataural de girar sobre sí mismo para recorrerlo visualmente. Pero es a partir de sus intervenciones sobre carteles y obras de otros artistas cuando es posible aprecial de manera completa la técnica de Julio: l'assemblage, junto con el acabado plano de acrílico y el guache, lo introducen en el readymade y el collage.

El retrato se configura como uno de sus motivos recurrentes, en el que une sus investigaciones (técnicas y expresivas) con la fascinazión tanto por la iconografía religiosa como por las divas, toreros, actrices y cantantes de la época. Su imaginario se nutre así de la cultura popular de los años sesenta y setenta, donde la religión, la tauromáquia y la canción española encarnan la imagen cultural del poder. Iconos del cine y del folklore como Sara Montiel y Paquirri, y posteriormente El Juli o la Pantoja, invaden su obra. La pieza que simboliza el inicio de este interés es la que realiza de "La Manquina", mito local de Garrovillas que lo cautiva por su belleza y personalidad. Julio pide prestada a un vecino la única fotografía que tiene de ella, que interviene maquillando literalmente la imagen. El escándalo que provoca es considerable, pero esta práctica artística inaugura en él una formalización técnica (maquillaje, purpurina, plástico, collage, etc.) y consolida un mundo iconográfico propio, en el que la mitomanía y la adoración son herramientas poderosas e instrumentos posibles de evasión, frente a una realidad muchas veces implacable.

Obra

Aunque muchas de las piezas que Julio guardaba en su casa no pudieron conservarse, tras el último inventario llevado a cabo por el Colectivo Julio se identificaron un total de 45 obras entre Garrovillas de Alconétar y El Prat de Llobregat.